Desarrollo y evaluación de actividades
Muchas veces hemos consideramos haber diseñado o implementado una actividad muy buena pero que, sin embargo, no parece tan bien valorada por los y las participantes. Por ello, crear una actividad puede convertirse en un gran desafío si no tenemos claro algunos elementos centrales para su desarollo y posterior evaluación.
A continuación, y rescatando las ideas de profesionales del MoMA (Museo de arte moderno de Nueva York) les presento un listado de criterios claves que debemos tener en consideración para desarrollar y evaluar una actividad exitosa.
- Instrucciones y expectativas claras: Al liderar una actividad, cerciorate de fijar expectativas claras sobre lo que esperas que los y las estudiantes realicen, y asegúrate de que todos estén en la misma etapa. Una forma de hacerlo es simplemente preguntar: ¿Quién puede repetir las instrucciones? Estas rutinas establecen un enfoque claro y fuerte sobre el aprendizaje y proporcionan una estructura sin ambigüedades sobre cómo interactuar dentro del tejido físico y social de la actividad. Sin importar la edad o el tipo de estudiantes con el que trabajes, dedica tiempo para hacer una presentación previa de las actividades y compromisos que vendrán. Además, comienza las actividades con la introducción del enfoque temático. La manera en la que presentamos las actividades también puede marcar las pautas de cómo deseamos que se involucren y comporten. Por ejemplo, si deseas participación oral, promueve tal comportamiento al pedirles que compartan sus preguntas y pensamientos desde el principio. Habla con energía y muchos gestos. Tu propio comportamiento se torna en el modelo que ellos seguirán
- Incorpora uno o más enfoques y habilidades, además del diálogo: Las actividades experienciales o encarnadas involucran múltiples modos de expresión, además del lenguaje o el habla. Desarrolla actividades que puedan atraer las diferentes modalidades de cada estudiante al incorporar todos los sentidos; al motivar más allá del habla o el texto y al construir sobre habilidades tanto sociales como conceptuales.
- Construye sobre la propia experiencia y conocimiento: Haz conexiones entre la actividad y la propia vida de los y las estudiantes. Por ejemplo, si enseñas sobre una obra de arte que muestra una escena callejera en un tiempo o lugar lejano, quizás quieras comenzar por pedirles que lo comparen y contrasten con sus experiencias de vida en las calles. No te remitas a impartir información, hazles preguntas que los ayuden a relacionarse con la actividad.
- La actividad se relaciona claramente con el tema general u objetivo de la clase. En lugar de tratar a la actividad aisladamente, crea un tema u objetivo que una conceptualmente todas las acciones juntas. No de hechos, cuenta una historia global que se relacione con las propias experiencias del estudiantado y sobre los cuales pueden construir al usar su poder de observación. Conecta actividades y objetivos a través de temas tales como identidad, espacios y lugares, sociedad y política o narrativas.
- Da tiempo para pensar. Pensar requiere tiempo, ya sea si estás parado frente a una obra o en el aula. Al desarrollar o facilitar una actividad, asegúrate de darles suficiente tiempo para examinar múltiples perspectivas, pensar diferentes teorías, debatir y llegar a conclusiones originales. A veces, tendrás que hacer elecciones difíciles sobre la cantidad de contenido a cubrir durante una actividad. En lugar de comprometerte superficialmente con demasiadas actividades, trata de afrontar detalladamente unas pocas. Dicho esto, habrá excepciones. Por ejemplo, algunos juegos pueden ser rápidos o requerirán restricciones de tiempo. En esos casos, es conveniente planificar un tiempo de seguimiento dedicado a reflexionar sobre lo que la actividad les ha proporcionado.
- Acepta múltiples resultados. Una buena actividad debe ser tan abierta que permita resultados divergentes. No sólo los que esperábamos o queríamos. A pesar de que todos seguirán las mismas instrucciones, la estructura de tu actividad debería ser tan flexible como para permitir diferentes tipos de pensamiento y varias formas de expresión. Es comprensible que queramos que las actividades salgan con el mismo resultado que esperamos. Incluso podríamos considerarlo como un fracaso cuando lo que extraen nuestros estudiantes no coincide con lo que se pretendía. Con nuestra ansiedad por imponer resultados de aprendizajes específicos, es fácil volver a la forma de ver el aprendizaje del siglo XIX. Pero recuerda que éste es más significativo si se basa en conexiones y observaciones personales. Sólo porque un alumno no imite tus conocimientos no significa que no esté aprendiendo. De hecho, nuestro objetivo como educadores debería ser facilitar una cultura de pensamiento en la cual los alumnos se sintiesen capacitados para desarrollar ideas originales y extraer sus propias conclusiones.
La evaluación explicita de las actividades es fundamental ya que es un proceso que nos ayuda a reflexionar sobre nuestra docencia y tratar de identificar si hemos alcanzado los criterios que habiamos establecimos para lo que creemos es una buena actividad.
Evaluamos para comprender qué funciona y qué no, determinando posibles formas de mejora. Es fundamental entonces, delinear e integrar todas las expepectativas y objetivos de la actividad. Para lo anterior, algunas preguntas nos pueden servir de guia: ¿Hay algún tema o idea principal en particular con la que quiero conectarme?, ¿hay alguna actividad en particular que ya sé que necesito incluir?, ¿qué habilidades o técnicas quiero que practiquen?, ¿hay ideas o conceptos en particular que quiero que exploren?, ¿qué espero que obtengan de esta experiencia? Una vez que conozco algo sobre los alumnos (por ejemplo: edad, curso, experiencias de aprendizaje significativas y/o necesidades especiales) y que haya delineado mis objetivos, entonces es bastante más fácil identificar el tipo de participación que busco tener.
Una buena herramienta de evaluación es la utilización de una lista de verificación al armar las actividades para asegurarnos de que estamos en rumbo y trabajando hacia lo que esperamos alcance los objetivos deseados. La lista de verificación nos guía para revisar detalladamente nuestra planificación. Una vez que la he revisado paso a paso, tengo algo con lo que puedo comparar como una forma de revisión final al hacerme preguntas como: ¿son instrucciones claras?, ¿se ajusta a la edad?, ¿se corresponde con mis objetivos y expectativas?, ¿se relaciona con aquello que quiero que reflexionen?, ¿incluye múltiples estilos de aprendizaje?, ¿facilita un rango de respuestas?
De este modo, si bien desarrollar y evaluar actividades es una tarea generalmente compleja, al comprender de mejor forma ciertos elementos centrales se nos hará más fácil poner en práctica una idea y que alcance nuestros objetivos. Es importante también tomar en consideración las evaluaciones y opiniones de los y las participantes, sin embargo, al ser un tema igual de interesante y complejo, lo dejaremos para una próxima ocasión.
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