Miradas constructivistas sobre el juego 2/2
Continuando el tema sobre las miradas constructividas en relación con el juego, ahora veremos la visión propuesta por Vigotsky, la cual enfatiza la dimensión social y cultural como base del desarrollo humano.
Como se mencionó, la perspectiva socio-histórico cultural tiene sus raíces principalmente en las propuestas realizadas por Lev Vigotsky y se ligan comúnmente al denominado constructivismo social que, a diferencia de la propuesta de Piaget, tiene un énfasis mayor en relación con la dimensión social y cultural del desarrollo humano.
Vigotsky considera que existe un sustrato biológico que se encuentra en una constante interacción con las condiciones sociales cambiantes, existiendo una dialéctica biología-cultura en el desarrollo humano. Por ello, entiende el desarrollo de los individuos como un proceso dialéctico complejo, rechazando una concepción lineal y acumulativa. Así, desde esta perspectiva el cambio evolutivo fundamental en el desarrollo del ser humano es dado por la internalización de las funciones psicológicas superiores, las cuales se integran a las funciones elementales, generando nuevos sistemas de aprendizaje funcional. De este modo, Vigotsky propone una psicología humana que es culturalmente transmitida y que está históricamente configurada, donde el desarrollo mental está marcado por un proceso de internalización de las funciones psicológicas superiores que se rige según la ley de doble formación, es decir, surgen primero en un nivel interpsicológico y luego en un nivel intrapsicológico, como un proceso que va desde lo social a lo individual.
En relación con el juego, Vigotsky señala que su influencia en el desarrollo del niño es enorme, llegando a determinar la evolución del niño. Dice que el juego surge en el momento en que los niños no pueden satisfacer inmediatamente sus necesidades. Para resolver la tensión que se genera, el niño entra en un mundo ilusorio e imaginario donde los deseos tienen cabida, un mundo que denominamos como juego. Sin embargo, el placer otorgado por el juego no es su característica definitiva, sino más bien lo es su potencialidad para liberar al niño de las restricciones del mundo externo, generando una nueva forma de conducta.
Vigotsky señala que la conducta en los niños pequeños está determinada en gran medida por las condiciones en las cuales se desarrolla la actividad. Así, en un principio el juego comienza con una situación imaginaria muy cercana a la real, luego pasa por una etapa en la cual se desarrolla avanzando hacia una realización consciente de un propósito, y finaliza su desarrollo hasta llegar a los juegos de reglas, donde existe una mayor regulación en la actividad de los niños. De este modo, en el juego las cosas pierden su fuerza determinante y el niño actúa prescindiendo de lo que ve, creando una situación imaginaria, permitiendo al niño aprender a regular su conducta.
En este proceso de interiorización y evolución del juego, el lenguaje tiene un papel fundamental, pues ninguna forma de actividad psicológica compleja transcurre sin su participación ya sea directa o indirecta, siendo el principal mediador en la formación y desarrollo de los procesos psicológicos superiores.
En resumen, desde esta perspectiva el juego es un proceso intersubjetivo que se va interiorizando (junto a otros procesos psicológicos superiores, sobre todo el lenguaje) a medida que el sujeto interactúa con su contexto social. La característica fundamental del juego tiene relación con su capacidad mediadora al permitir al niño aprender a regular su comportamiento mediante la creación de situaciones imaginarias, estrechamente relacionadas con sus deseos.
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